viernes, 11 de febrero de 2011

FERNANDO PAZ CASTILLO



EL MURO

Beauty is truth, truth beauty, that is all
Ye know on earth, and all ye need to know
John Keats


 
Caspar David Friedrich (1774 – 1840). Pintor alemán.  Paisaje con muro

I

Un muro en la tarde,
y en la hora
una línea blanca, indefinida
sobre el campo verde
y bajo el cielo.

II

Un pájaro -en hoja y viento-
ha puesto su canción más bella
sobre el muro.

III

Enlutado de su propia existencia
-detenida entre su breve sombra
y su destino-
un zamuro, bello por la distancia y por el vuelo,
infunde angustia en el alma profeta:
una fría angustia, cuando
certero, como vencida flecha
-oscura flecha que aún conserva su impulso inicial-
cae tras el muro.

IV

La vida es una constante
y hermosa destrucción:
vivir es hacer daño.

V

Pero el muro,
el silencioso y blanco muro
parece que nos dice:
«hasta aquí llegan tus ojos,
menos agudos que tu instinto.
Yo separo tu vida de otras vidas
pequeñas; pero grandes cuando el ocaso,
el oro insinuante del ocaso llega».

VI

Acaso tras el muro,
tan alto al deseo como pequeño a la esperanza,
no exista más que lo ya visto en el camino
junto a la vida y la muerte,
la tregua y el dolor
y la sombra de Dios indiferente.

VII

Dios -muro frente a recuerdos y visiones-
está solo, íntimamente solo
en nuestros ojos
y en el menudo nombre
que lo ata a las cosas;
a la seda del canto del canario
fraterno
y a la noche que vuela en el zamuro:
fúnebre, pulido estuche de cosas ayer bellas
o tristes
que habrán de serlo nuevamente
del lado acá del muro,
con el temor reciente de volver al origen.

VIII

¿Morir?…
Pero si nada hay más bello en su hora
-frente al muro-
que los serenos ojos de los moribundos,
anegados por su propio silencio;
perdido ya, por entre frescas espigas encontradas,
el temor de morir,
y de haber vivido, como hombre, entre hombres,
que apenas -oscurecidos en su existir-
los comprendieron.

IX
Entonces el muro
parece allanarse entre el olvidado rencor
y la esperanza:
Es súbito camino, no límite de sombra y canto,
ante un nuevo Dios que nos aguarda
-que nos aguarda siempre-
y no conoceremos
a pesar de que marcha en nuestras huellas;
que nos llega de lejos,
del lado de la luz,
y que vamos dejando en el camino,
como algo, que no es tierra,
atado, sin embargo, a nuestros pies.

X

El muro en la tarde,
entre la hierba, el canto y el fúnebre vuelo:
presencia del dolor de vivir
y no morir;
consuelo de volver, en tierra y oro,
con la inquietud de haber sido;
polvo y oro que regresa eternamente,
como la muerte cotidiana,
bajo el granado trigal de la noche insomne,
rumorosa de viento alto
y de luceros.
El sediento corazón siente leticia:
el corazón y las queridas, tímidas palabras
huelen, como el muro en la tarde,
a cielo y tierra confundidos,
cuando el morir es cosa nuestra
y, como nuestro, lo queremos.
Lo queremos pudorosos,
en silencio, sin violencias,
mientras los otros temen -aún distantes-
la sensitiva soledad naciente
para el hombre, no humano, y su destino
confuso.

XI

Porque no hay muerte sino vida
del lado allá del canto, del lado allá del vuelo,
del lado allá del tiempo.

XII

Vaga intuición de perdurar
frente a la muerte ambicionada
y oscura…
Porque la muerte, imagen de nosotros
y criatura nuestra,
es distinta a la no vida
que jamás ha existido.
Ya que el verbo de Dios, que todo lo ha dispuesto
en la conciencia del hombre, no pudo crear la muerte
sin morir El y su callada nostalgia
de pensar y sufrir humanas formas.

XIII

El muro de la tarde -atardecido en nuestra tarde-,
apenas una línea blanca junto al campo
y junto al cielo.
Misteriosa cruz que sólo muestra
su brazo horizontal.
Unida, por la oscura raíz,
a la tierra misma de su origen confuso;
y al cielo de la fuga
por el canto y el ala:
la noche impasible del zamuro
y el camino de oro del canario
hacia el ocaso.

XIV

¡EI muro!
Cuánto siento y me pesa su silencio
-en mi tarde-
en la tarde del musgo
y la oración
y el regreso.

XV

Sólo sé que hay un muro,
bello en su calada soledad de cielo y tiempo:
y todo, junto a él, es un milagro.

XVI

Sólo temo en la tarde -en mi tarde- de oro
por el sol que agoniza; y por algo, que no es sol,
que también agoniza en mi conciencia,
desamparada a veces
¡y a veces confundida de sorpresas!
Sólo temo haber visto algo:
¡lo mismo!
el campo, el césped;
la misma rosa sensual que recuerda unos labios
y el mismo lirio exangüe
que vigila la muerte.

XVII

Y sólo siento frente a Dios y su Destino,
haber pasado alguna vez el muro
y su callada espesa sombra,
del lado allá del tiempo.

De: El otro lado del tiempo (1971)


 
Fernando Paz Castillo
(Caracas, 1893 – 1981) Poeta venezolano.

domingo, 6 de febrero de 2011

HANNI OSSOTT




 
Chaerul Umam (1979). Fotógrafo indonesio.



Pasa esta página
estas ruinas
estos dolores
Pasa este mar, la borrasca, el descalabro
golpea al dolor con el dolor, con ruina
instalada desde tu no ser
lo alto, lo elevado.



De: Plegarias y penumbras.


Hanni Ossott
(1946 – 2002). Poeta, ensayista, traductora y docente universitaria venezolana.

martes, 1 de febrero de 2011

LUIS GARCÍA MONTERO




Carlos Casu . Pintor español - Calle peatonal, 2010



Qué difícil se va haciendo amanecer unidos
Álvaro Salvador


     Sólo más tarde se darían cuenta
     de que los dos buscaban una historia
     no demasiado cerca del amor,
     tal vez alguna excusa
     para mirar los árboles de enero
     temblando sobre el parque,
     atravesar las calles
     de una ciudad tomada por los himnos
     y la ropa de invierno
     o verse acompañados
     -ilusionadamente-
     sobre el cristal celeste de los escaparates.

     Fue quizás que los tiempos
     sólo hacían posible
     para un viejo soldado de todas las derrotas
     matar la soledad entre los brazos
     de una joven cantante de revista.

     Y eran tiempos difíciles.
                                                Mientras recuperaban
     su olor a gato sucio los tejados,
     ellos cruzaban la ciudad vestida de uniforme,
     soportaban el paso marcial de la soberbia,
     recorrían las calles por entre las calesas,
     pacientes y humillados,
     buscando una pensión.

     Sólo la lluvia deja
     una pasión equívoca
     en el banco vacío de los enamorados,
     sólo la lluvia olvida
     mentiras de charol sobre las calles
     y un amor diminuto en cada esquina
     para el labio que aprende su canción.

     Acaso
     era también pasar al contraataque
     fingir fidelidad,
     estar ficticiamente enamorados
     en medio del invierno,
     decir que nada importa porque seguimos vivos,
     porque aquí están tus ojos a pesar de los humos,
     hechos para el amor, curtidos por la historia,
     llenos de gozo siempre a toda costa.

     Sólo un poco más tarde,
     cuando la brisa fresca del sesenta
     les hizo descubrir que envejecían,
     supieron que era hermoso atardecer unidos,
     abrazarse debajo de todas sus banderas,
     vivir la intimidad que la derrota impuso
     no demasiado cerca del amor,
     porque la vida
     tan fiel como una hermosa melodía
     acabó siempre por darles su razón.



De: El Jardín extranjero (1982)


 
Luis García Montero
(Granada, 1958) Poeta y catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada

jueves, 6 de enero de 2011

MIGUEL HERNÁNDEZ




[24]


Alex Katz (1927). Pintor estadounidense. Luna park



El amor ascendía entre nosotros
como la luna entre las dos palmeras
que nunca se abrazaron.

El íntimo rumor de los dos cuerpos
hacia el arrullo un oleaje trajo,
pero la ronca voz fue atenazada,
fueron pétreos los labios.

El ansia de ceñir movió la carne,
esclareció los huesos inflamados,
pero los brazos al querer tenderse
murieron en los brazos.

Pasó el amor, la luna, entre nosotros
y devoró los cuerpos solitarios.
Y somos dos fantasmas que se buscan
y se encuentran lejanos.


De: Canciones y romanceros de ausencias (1958)



 
Miguel Hernández
(Orihuela, España,1910-Alicante, 1942). Poeta español.